El Indec informó que el consumo privado alcanzó un máximo histórico en el primer trimestre de 2026, con un crecimiento interanual del 2,7%. El dato fue rápidamente capitalizado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien destacó que la economía encadena ocho trimestres en alza. Sin embargo, este "récord" convive con una caída del 3,7% en las ventas de supermercados y del 5% en mayoristas. ¿Cómo se explican estas dos realidades opuestas?
La respuesta es técnica. Según el PIB, el "consumo privado" no es solo lo que compramos en el shopping o el almacén. Incluye gastos fijos como tarifas de servicios públicos (gas, luz, agua) y medicina prepaga.
En el último año, estos rubros subieron por encima de la inflación general. Como la metodología del Indec mide el gasto total y luego lo "ajusta" por precios, el fuerte aumento de las tarifas infla el número final, aunque la gente no esté consumiendo más electricidad o mejor salud, sino simplemente pagando más por lo mismo.
Además, el economista Fausto Spotorno advierte sobre un desajuste metodológico. Al ser un cálculo residual (la diferencia entre lo que se produce y lo que se gasta), el "deflactor" utilizado podría estar subestimando el impacto de los servicios.
El valor del consumo sube porque los servicios básicos se encarecieron drásticamente, no porque haya un boom de compras.